La gente sí puede hacerte daño
Vivimos repitiendo frases de internet que validan el desapego, pero ¿dónde queda el impacto de nuestros actos en los demás? Explore qué es realmente la responsabilidad afectiva, cómo validar el dolor ajeno con empatía y por qué la madurez emocional no consiste en fingir que nada nos afecta.
Mirley Vernaza
5/8/20264 min read


“La gente no te hace cosas, la gente hace cosas y tú decides si te afectan o no”.
Esta frase, muy popular en redes sociales y muchas veces disfrazada de positivismo o inteligencia emocional, me causa incomodidad, porque no estoy de acuerdo con ella.
El peligro de evadir responsabilidades: "La gente no te hace cosas"
Entiendo que para muchas personas lo que intenta decir es que las acciones de los demás hablan más de ellos que de uno mismo y que siempre tenemos cierto poder sobre cómo reaccionar ante lo que vivimos. Y sí, hay algo de verdad en eso. Pero siento que esta frase también puede convertirse en una excusa para decir o hacer lo que sea, sin asumir las consecuencias emocionales que eso puede tener en otros.
Porque entonces parece sugerir que las acciones de los demás no tienen un impacto real y que toda la responsabilidad recae únicamente en quien resulta afectado. En otras palabras: como si la culpa fuera tuya por sentirte herido.
El impacto real del daño emocional: ¿De quién es la culpa?
Entonces, si tu pareja te fue infiel, ¿es tu culpa porque tú la elegiste? Si tu pareja te golpea, ¿es tu culpa porque lo permitiste? Si en tu trabajo tu jefe o tus compañeros te gritan, te humillan o hacen comentarios hirientes, ¿el problema es que “te lo tomas personal”?
Si una mujer es acosada o abusada, ¿el problema es que no habló antes, que no se defendió o que “lo permitió”?
¿Y entonces el daño que hacen los demás desaparece solo porque uno debería “controlar sus emociones”?
Esa frase no solo puede invalidar lo que siente una persona, sino también quitarle responsabilidad a quien causa daño.
Estoy de acuerdo en que lo que hace otra persona habla mucho de ella misma. Pero eso no significa que sus acciones no deban tener responsabilidad, especialmente cuando hieren, manipulan o afectan a otros. Y aunque no todo el mundo actúa con mala intención, sí existen personas que dañan conscientemente.
Qué es la responsabilidad afectiva y por qué es clave en las relaciones
Lo que decimos y hacemos tiene un impacto emocional en quienes nos rodean. Y aunque no podemos controlar cómo reaccionará el otro, sí podemos decidir cómo tratarlo: con respeto, empatía y cuidado. Eso sí nos corresponde.
Para mí, eso es responsabilidad afectiva: reconocer que nuestras palabras y acciones tienen consecuencias emocionales y actuar con conciencia frente a ello.
La responsabilidad afectiva no significa hacerse cargo de las emociones ajenas ni vivir culpándose por todo. Significa entender que nuestros actos sí impactan a otros y que no basta con justificarse diciendo: “ese es problema tuyo” o “tú decidiste sentirte así”.
Por ejemplo, en una infidelidad, la responsabilidad afectiva no consiste solo en “no engañar”. También implica ser honesto cuando la relación ya no funciona, hablar con claridad antes de traicionar acuerdos y reconocer el dolor que una mentira puede causar. La reacción emocional de la otra persona le pertenece a ella, pero el daño causado por el engaño también debe ser reconocido por quien lo hizo.
La responsabilidad afectiva es temer la conciencia y el cuidado sobre cómo lo que hacemos o decimos puede impactar emocionalmente a quienes nos rodean, una idea cercana a lo que plantean Marshall Rosenberg y Brené Brown sobre empatía, comunicación y relaciones humanas. Implica una comunicación honesta, límites claros, empatía y respeto mutuo, sin dejar de cuidar también el bienestar propio.
Madurez emocional: Reconocer el dolor sin perder tu identidad
Por eso, quizás una frase más sana sería:
“La gente hace cosas que pueden afectarte, pero tú puedes decidir cómo responder y cómo cuidarte”.
Porque la madurez emocional no consiste en fingir que nada te afecta, sino en reconocer lo que duele sin dejar que eso defina quién eres.
Y también es importante aclarar algo: reconocer el impacto de nuestros actos no significa cargar con la responsabilidad absoluta de las emociones de los demás. Cuando hay claridad, honestidad y comunicación constante, cada persona también debe responsabilizarse de gestionar sus propias emociones. Pero eso no nos exime de tratar al otro con humanidad ni de evitar usar la sinceridad como excusa para herir.
Como decía la psicóloga y escritora Brené Brown: “Claridad es amabilidad”.
Ser honestos no significa dejar de ser cuidadosos con el otro.
También el psiquiatra Viktor Frankl hablaba de que entre lo que nos ocurre y nuestra respuesta existe un espacio de libertad. Pero reconocer esa capacidad de respuesta no significa negar que hay hechos que duelen y dejan huella.
Y el psicólogo Carl Rogers defendía la importancia de la empatía genuina y de sentirse comprendido emocionalmente como parte esencial de cualquier relación humana sana.
Acompañamiento en bienestar emocional y comunicación consciente
Soy Mirley Vernaza facilitadora de bienestar emocional y comunicación consciente. Acompaño a mujeres en crisis a recuperar su calma, claridad y dirección. Asimismo, fortalezco a líderes y equipos de trabajo, brindándoles herramientas para gestionar sus emociones y mejorar su comunicación hacia una más consciente, clave para reducir conflictos, elevar el bienestar de sus colaboradores y alcanzar metas de alto impacto.
Mirley Vernaza
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